Eva estuvo un tiempo entre mis sábanas y, mientras pasaban los días, pude presenciar la forma y todos los detalles que envolvían su ser. Solía quejarse de su novio en mi presencia, y yo, sin conocerlo del todo, a veces le daba la razón a aquel granuja en mi silencio. Supongo que, si los dos hemos habitado la misma piel, podríamos coincidir en algunos pensamientos con respecto a ella.

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