Autor: elinfame

Ojos color miel

Me sumergí en veinte mil leguasde profundidad por el océano más denso,donde habitan criaturas colosalesdiseñadas por algún magistral arquitecto del universo,solo para contarte los secretos que guarda el mar,con el único fin de que tus ojos color mielnunca me dejen de mirar. Cabalgue un fino cometay de planeta en planeta recorríla majestuosa llanura del cosmos,hasta […]

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DHARMA

Apagué la luzpara intentar hallar al supremo en mí.El aura se transformó en luz incesante, perenne;solo así pude dar cese al uróboro diario,aunque fuera por un plácido segundo sempiterno. Por un instante soy un dios ingenuoque, a través del espejo de sus pupilas,logra descifrar universos enteros.Por eso abandoné, perdí mi guerra,para tener, por un momento, […]

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Siempre infame

Mucho más de lascivia y erotismo que de tan solo sexo,evita la mugre disfrazada de religióny ahonda, por favor, en tu espiritualidad.Comenta más sobre tus adversidades, tus vacíos, tus dudas,y desecha —de una vez— la inútil política;mejor escarba conmigo estos incontables defectos.Juega conmigo el arte de la guerra:solo así, por breves momentos,podrás acercarte a esta […]

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Interrogante infinita

¡Qué siente la sal infinita del océanocuando tu piel de miel se adentra en sus aguas!¿Sentirá envidia esta luna de enerocuando tus pupilas me eclipsany me muestran todo un nuevo universo? ¡Qué tipo de excitación siente el lenguajeal oírte pronunciar hasta el más mínimo vocablo!Puede sentirse renuente un espejoal no poder reflejar toda tu infinita […]

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El Teatro de la Desesperación

—¿Dime, has visto ese circo que se está gestando allá abajo? —¿De qué hablas, Uriel? Explícate mejor. —Sí, ese jodido circo que ves allá abajo, Haniel. Tan solo mira, puedes ver de todo: payasos y mimos, también bufones y hasta arlequines del moribundo sistema. Tampoco podemos dejar afuera a los malabaristas, esos sí que saben […]

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Eva

Eva estuvo un tiempo entre mis sábanas y, mientras pasaban los días, pude presenciar la forma y todos los detalles que envolvían su ser. Solía quejarse de su novio en mi presencia, y yo, sin conocerlo del todo, a veces le daba la razón a aquel granuja en mi silencio. Supongo que, si los dos hemos habitado la misma piel, podríamos coincidir en algunos pensamientos con respecto a ella.

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Carta abierta a Bukowski: Round por round

Nos hemos lanzado buenos golpes, mi estimado Bukowski. Y sé que podrías romperme la boca por tanto blasfemar a tu manera. Tenés una zurda pesada, viejo borracho, pero yo peleo con ambas manos. Recuerdo cuando defecaste sobre nuestro querido Ernesto. Fue fácil competir contra Hemingway: tu realidad era más visceral y cruda. Pero lo mismo pasa conmigo, Bukowski. El mundo en el que vivo es apocalíptico, siempre al borde de la jodida extinción. Terremotos destruyen ciudades enteras. El plástico ha devorado los mares. Y los progres, con su cultura woke, son una partida de imbéciles sin dos dedos de frente.

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¡Dime, acaso el escuincle no cuenta!

Me volví un adicto a las pesas, a mejorar mi imagen. También me volví un adicto a las calles y sus placeres mundanos. Aprendí a apostar —porque uno tiene que aprender a ganar y a perder en el juego de la vida, igual que con las mujeres—. Frecuenté clubes nocturnos. Me obligué a crear situaciones de interacción con ese ser que abducía mis pensamientos. Y perdí. Claro que perdí muchas veces. Más de las que cualquiera podría aceptar. Pude haber abandonado, pero crecer bajo la complicada constelación de Escorpio te hace más terco que nadie. Así que lo supe, siempre lo supe: un día comenzaría a ganar. Y así sucedió.

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Dos caras de una moneda

Puede que ya no sea necesario intimar con una persona, porque el placer se inducirá mediante un chip en el cerebro. Tal vez la Luna desaparezca tras la colisión de un meteorito, y en su lugar floten cientos de fragmentos que eclipsen el firmamento. Los satélites caerán, y las comunicaciones digitales serán cosa del pasado. Los días serán más cortos, las noches, más oscuras. La incertidumbre y el miedo serán iguales para todos: blancos y negros, ricos y pobres.

Puede que estemos al borde de la extinción. Que tú me hayas olvidado entre tanto caos. Que hayas hecho tu vida lejos de mis besos, y que, en el fin del mundo, solo quieras ver otras pupilas, tan lejos del iris de lo que apenas queda de mí.

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