Me sumergí en veinte mil leguas
de profundidad por el océano más denso,
donde habitan criaturas colosales
diseñadas por algún magistral arquitecto del universo,
solo para contarte los secretos que guarda el mar,
con el único fin de que tus ojos color miel
nunca me dejen de mirar.

Cabalgue un fino cometa
y de planeta en planeta recorrí
la majestuosa llanura del cosmos,
hasta ser tragado por algún agujero negro
que me hizo cruzar las dimensiones del espacio y el tiempo,
donde se encuentran pasado, presente y futuro en un mismo lugar,
solo para regalarte de flor
la más irreal estrella
que tus ojos color miel pudieran mirar.

¿Cómo no hacer lo imposible,
si tus ojos color miel hacen todo “posible”?
Es tan fácil querer poner el universo a tus pies
cuando tú me miras
con esos ojos perfectos de color miel,
amada mujer.