Historias, verdades y otras mentiras.

El INFAME

Informatiwo de Actualidad Mágica en Español

Nuestra insigne directora, Doña Gertrudis Domingas Seisdedos, ya de todos conocida su exigencia de que los artículos de investigación y el periodismo de El INFAME sean inspirados por su firme y tenaz temperamento y forma de trabajar, y para los que se asegura de que son verídicos y fiables al 100%, ha conseguido que la famosa y reputada escritora e historiadora nacida en Patones de Arriba, Doña Artemisa Ignota Costumbrera y Feneciente (A.I.C.F. para abreviar), entre a formar parte de nuestro equipo de redactores con lo que, periódicamente, contaremos con fragmentos de sus investigaciones y publicaciones extraídos de su amplia colección "Historia Patonera y otros relatos de interés".

 

Prólogo de una gran historia

Gran parte de nuestra historia, casualmente, se ha perdido para el común de los mortales... para los seres no mágicos o naturales es difícil encontrar documentos históricos que avalen sus variadas teorías sobre la realidad de un lugar tan especial como es nuestro pueblo. Y no es de extrañar. Pues tan sólo los vecinos, los verdaderos vecinos, podemos dar razones que sirvan para esclarecer, un poquito y a quienes realmente merezcan saber, la asombrosa y auténtica historia de Patones de Arriba.

Cuentan los magos más ancianos que la invasión árabe llevó a los patoneros originales a buscar un lugar seguro, algún emplazamiento recóndito, secreto y protegido, en el que preservar su verdadera esencia. Ya unos textos escritos por Antonio Ponz en el '87 (1.787 por supuesto) confirman que nuestros antepasados ocuparon primero las cuevas (lugares muy apreciados por la mayor parte de las brujas de la época) pero, debido a las incomodidades producidas por tanta piedra a niños y mayores, se decidió que era mejor construir el pueblo en el exterior. Ponz deja constancia de cómo aquellas personas se aseguraron de mantener sus costumbres y tradiciones, sus creencias, y de cómo se preocuparon de lograr el aprovechamiento sostenible de los recursos que les ofrecía la zona... desde sus inicios aquél fue un refugio acogedor y generoso para todas las criaturas mágicas y sobrenaturales que, empujadas por la intolerancia, la incredulidad o las constantes luchas, venían aquí en busca de seguridad y comprensión... ¡si Antonio Ponz supiese lo acertadas que eran sus palabras!

Pero para asegurar la supervivencia y el futuro de lo que hoy es Patones de Arriba sus habitantes necesitaban de un buen gobierno, por lo que eligieron de entre todos ellos al más capacitado, al más talentoso y querido, al más poderoso de todos los magos: Patón, el cabeza de la familia de animagos que, asumiendo la forma de cabras, se ocupaba de recorrer los montes y asegurar la producción de nuestra espirituosa miel de fama internacional en todo el mundo mágico.

A lo largo de los años fueron él y su estirpe los que asumieron la responsabilidad de cuidar de toda nuestra comunidad que, con el paso del tiempo, se fue haciendo cada vez más grande y más compleja. Nació así el "Reino de Patones" y su insigne y caprina familia real.

Extracto de un texto escrito el 4 de Enero de 1902 ©A.C. 2015Reg.

 

LOS INICIOS “OFICIALES” DE PATONES DE ARRIBA

Ante los ojos no mágicos no somos más que un montón de ruinas, pizarra y malas hierbas que se extienden colina arriba. Pero, quien tiene “visión”, sabe que esa imagen de tristeza y abandono no es otra cosa que una distracción, el resultado de muchas varitas apuntando al aire y creando esa escena engañosa que impide ver la realidad: nuestro hermoso pueblo, nuestros hogares, la escuela, los huertos mágicos, el taller de escobas y los corrales en donde amaestramos a las criaturas que nunca jamás deben ver los “naturales” (es decir, los que no son “sobrenaturales”, como lo somos nosotros, los seres mágicos). Puede pensarse que es una crueldad sustraer de su mirada la maravilla de nuestro Patones, pero ¡se siente! Ellos pueden viajar en avión cuando les requisan la escoba y nosotros no, a cada cual lo suyo.

La cuestión es que, si preguntásemos a los naturales, nos dirían que Patones de Arriba nació allá por la época de la Reconquista, aunque tienen la primera referencia a “La Hoz de Patones” en un documento de 1527, cuando todavía esta zona pertenecía a Uceda y no a Madrid. ¡Es increíble que en ese insignificante papel estén escritos los nombres de nuestros insignes Asenjo, Pero y Juan! Los hijos del rey Patón que nos gobernó desde mediados del siglo XV hasta bastante entrado el XVI. No es que esta historiadora tenga nada en contra de los naturales, pero la verdad es que me asquea bastante pensar que, para ellos, estos tres importantes caprinos no fueron más que unos obreros que trabajaron en la construcción de un puente sobre el río Jarama. Todavía me parece estar viendo al fantasma del difunto último rey, derramando lágrimas de ectoplasma sobre mi pergamino, mientras me hablaba de que en el 54 Juan y Pero “la habían diñado” en la Cueva del Reguerillo, tras haberse cogido una buena castaña con la última remesa de la famosa hidromiel de Patones. ¡Qué gran pérdida!

Tras aquella tragedia la cosa cambió y la gente empezó a construir casas visibles, uniéndose a la población natural (camuflada entre ellos “por si la Inquisición”) y pronto esto empezó a parecer un pueblo de los llamados “negros” por la pizarra que se utilizó en la construcción, aunque con importantes particularidades arquitectónicas. Se abrieron cochiqueras y se hicieron cercados, se crearon terrazas de piedra que los naturales utilizaban como eras, pero para los nuestros eran miradores astrológicos y círculos mágicos para nuestras celebraciones místicas, las asambleas y los juicios… no fue fácil mantener el secreto… pero por suerte para todos se logró. 

Extracto de un texto escrito el 9 de noviembre de 1960 ©A.C. 2015Reg.

 

LOS PATONES SE HACEN VISIBLES

Cabra rampante Cuando el rey Fernando de Castilla, en 1250, le entregó a su hijo Don Sancho todo lo que en tiempos eran terrenos pertenecientes a Uceda, los ocultos magos y brujas que tanto hicieron por la supervivencia de la comunidad mágica desde que los romanos entraron en la Península, que mantuvieron sus secretos mientras los moros se hacían con todos los territorios de la Iberia y que durante todos esos siglos fueron incrementando su población, se encontraron con que parte de sus dominios empezaban a ser “demasiado utilizados” por parte la población natural ucedense y sus ganados. Eso podía hacer peligrar, no sólo a las personas, sino también a algunas de las especies vegetales y animales que a lo largo de muchos años habían hecho de las sierras y riscos pizarreros sus hábitats naturales.

La invasión ucedana era algo que había que contrarrestar como fuese, razón por la que el rey Patón, de nombre Genaro y allá por los albores del 1500, se las ingenió para organizar la que fue “la primera Guardia Brujil de Patones”, cuya función principal era la de hacer para los de Uceda la travesía lo más complicada posible, así como el asentamiento… a pesar de que por la zona pasaba una cañada real y alguna que otra más secundaria y que ya en el siglo XV había reuniones de la Mesta… pero lo importante no era el paso de ganados camino de Extremadura en invierno y de vuelta cuando tocaba, no: lo importante era que ello no afectase a la flora y la fauna mágica ni a la población sobrenatural patonera… y se logró ¡vaya si se logró! Aunque eso supuso que los hijos del rey se mezclasen con los hombres y mujeres de naturaleza natural.

El rey no podía exigirle a sus súbditos más de lo que le exigiría a su propia familia, así que  fueron sus herederos, Asenjo, Pero y Juan (estos dos, los mayores, con sus esposas), los primeros que se presentaron en Uceda como “pastores” en busca de trabajo. A esta expedición se sumaron otros magos y brujas como María Patón (hija del rey) junto con su esposo Miguel, los Peñascipta, Vaqueriza, los Mingo o los Izquierdo (ilustres familias patoneras que todavía se mantienen en nuestros días).

Aunque el primer trabajo que se les dio fue de obreros en la construcción del puente, pronto sus esfuerzos se vieron premiados al serles dada la responsabilidad de sacar adelante la primera granja de nuestra mágica área, la alquería a la que se dio en llamar “Hoz de los Patones” que, junto a otras alquerías (en alguna de las cuales, como en la más tardía de “Los Pradales”, también había sobrenaturales al cargo y desarrollo), empezó a tomar las responsabilidades de lo que hoy conocemos como Patones de Arriba “y alrededores”.

Y así empezó la integración. Con la Inquisición Española en pleno apogeo y metiendo las narices en todas partes se decidió que “era hora de salir a la luz”… muchos hicieron ver su preocupación y expresaron su malestar ante la real decisión, pero el rey logró imponer sus criterios y todos acabaron apoyando el camino que había escogido. Y ¡suerte que así lo hicieron!

Lo complicado y duro de estos lares hizo que los ucedenses se negasen a “poblar la zona”, así que fueron magos y brujas que, poco a poco, abandonaron sus cuevas y hogares camuflados para ir, con los años, convirtiendo lo que empezó como una pequeña granja o alquería en un “Barrio de Uceda” al que, afortunadamente, ni el Duque de Uceda ni el Arzobispado de Toledo, ni ninguna otra autoridad competente, “hacía el menor caso”. 

Para nuestra comunidad bastaba con pagar los impuestos requeridos, aunque en general no obtenían nada a cambio ni por parte de Uceda, ni del Arzobispado ni del Reino de Castilla ni luego del de España… los planes del rey Patón, que continuó su hijo Asenjo cuando lo sucedió y finalizó después su nieto Pedro a principios del siglo XVII (Asenjo no tuvo descendencia por lo que heredó el título el hijo de Miguel González y María Patón), lograron lo que todos deseaban y necesitaban para sobrevivir y mantener la integridad y seguridad de sus tierras: ser ignorados por todos hijo de vecino.

Artículo publicado en “La Gaceta Historiomágica”, a doble columna en su página 3, el 7 de agosto de 1917 ©A.C. 2015Reg.

 

EL ESCUDO DE PATONES

Escudo Patones

Fue el 22 de abril de 1992 cuando el escudo de Patones se convirtió en oficial. Un escudo que, aunque pocos son conscientes de ello, recoge la verdadera historia de los originales habitantes de este lugar y, por tanto, su auténtico espíritu mágico y mistérico.

Este escudo se blasona como: “Escudo partido. Primero de gules, una torre de oro; segundo, de oro, un enebro de su color con una cabra de sable empinada al tronco, sobre ondas de azur y plata. Timbrado la Corona Real Española”.

Veamos qué significan estas aparentemente crípticas explicaciones de terminología heráldica.

Escudo partido: o sea, dividido en dos partes iguales por una línea vertical que va desde el centro del jefe (o tercio superior del escudo) hasta la punta. 

Primero de gules: se refiere a que la primera mitad es de color “rojo encendido”. Este color rojo se relaciona con el temperamento sanguíneo que caracteriza a los patoneros, también con el planeta Marte, el fuego, la valentía, la justicia, el honor, la fortaleza, la victoria y el “vencimiento con sangre”. También supone la obligación de servicio y protección por las armas ante su soberano y patria y de socorrer a los oprimidos por la justicia. ¿Cómo no darse cuenta de que habla de los magos y brujas patónicos y de su reino, en el que todo sobrenatural halló refugio a lo largo de muchísimos siglos, mientras regueros de sangre y lenguas de fuego trataban de acabar con nuestra especie? Dejémoslo aquí, que no me quiero cabrear…

Una torre de oro: la torre es un símbolo de generosidad para con el rey y con la patria (el rey Patón y la patria mágica, por supuesto). El color oro hace más importante este significado, pues supone el servicio a la patria y a los pobres y desfavorecidos, habla de la justicia y la caridad, la larga vida y la eternidad, la sabiduría, la clemencia y la justicia. Es habitual también de los temperamentos sanguíneos y se relaciona con el fuego y con el sol.

¡Bueno! Ahora que hemos dejado bien clara la herencia mágica patónica que preside esta mitad del escudo de Patones, veamos la otra mitad.

De oro: Ya hemos visto a qué se refiere este color, sólo que en este caso va específicamente referido a la propia estirpe de los reyes Patón y sus descendientes. Nobles, luchadores y protectores, que han puesto siempre las necesidades del pueblo al que consagraron su servicio por encima de cualquier interés o deseo personal… bueno, casi siempre…

Un enebro de su color: O sea, verde. El árbol es un símbolo de nobleza que viene de antiguo, habla de aquellos que defienden las leyes y los fueros, proporciona estabilidad para que el pueblo se sostenga. El verde es símbolo de respeto, de grandeza, de asilo y salvaguardia.

Una cabra de sable empinada al tronco: la cabra negra simboliza a los reyes patónicos, son aquellos que, al servicio de su patria y de su reino, con capaces de pasar por los mayores sacrificios. Se apoya en el tronco para afirmar la convicción y el compromiso de su misión sagrada de gobierno y cuidado de todas las criaturas mágicas que habitan Patones.

Ondas de azur y plata: Estas ondas representan el agua, tan importante y sagrada y tan abundantemente representada por el Arroyo Patones. Hablan de la pureza y de la vida, de su preservación y cuidado. El azur es el color azul intenso y el plata se representa con blanco o gris muy claro.

Timbrado de la Corona Real Española: El timbre es el yelmo, corona o figura que está colocado sobre el escudo. En este caso es la Corona Real Española, que viene a significar que el reino de Patones ya no es (al menos pública y oficialmente) tal reino, pues se somete a “la dominación y señorío” del Reino de España.

Como puede ver el lector, la heráldica cuenta mucho más de la verdad sobre Patones de Arriba que lo que los propios escritos, al alcance de cualquier natural, podrán nunca revelar.

Escrito para El Infame ©A.C. 2015Reg.